Sobre los spoilers y por qué no deberían importarte tanto

Con el estreno de la nueva película de Star Wars, The Force Awakens, se ha puesto de moda nuevamente el tema de los spoilers o esas descripciones que, en ocasiones de forma intencional, “arruinan” la trama de una película (o serie) para las personas que todavía no la han visto y que tenían planeado hacerlo en el futuro. Es posible hasta encontrar, por más ridículo que pueda parecer, guías y consejos para evitar encontrarse con spoilers mientras se navega por la web. Por supuesto, entiendo que la situación pueda resultar bastante molesta, especialmente cuando ya hemos invertido emocionalmente en alguna obra, pero creo que deberíamos evitar darle tanta importancia al asunto y me atrevería a argumentar que el desenlace de estas demonizadas ocurrencias no es tan malo como su fama lo sugiere. Mi argumento es que, quizá de manera inadvertida, los spoilers incluso podrían estar funcionando como un catalizador que nos ayuda a filtrar contenido que no valía la pena desde un principio.

Aquí no estoy tratando de usar el frecuente acercamiento moralista en el que se explica que hay asuntos más importantes ocurriendo en el mundo y que por esa razón no se le debería dar tanta importancia a un detalle como el que nos ocupa el día de hoy. Mi punto es precisamente que, incluso dentro del contexto del sujeto que toma con seriedad la forma en que consume las distintas formas artísticas, los spoilers no son la gran cosa. Ciertamente, ver una escena o leer una descripción específica puede ser percibido como la ruina del giro argumental de una obra, pero si éste suceso es suficientemente importante como para opacar la ejecución de la misma, entonces la obra no era realmente buena desde un inicio. Después de todo, las mejores películas son aquellas que podemos ver en repetidas ocasiones, sin importar que ya conozcamos a profundidad todos los movimientos de la trama y cada línea del diálogo. Esto ocurre porque las buenas ideas o los conceptos interesantes sobran en el mundo. Con la suficiente educación y algo de tiempo libre, cualquier persona puede encontrarse con una idea maravillosa entre manos; sin embargo, ejecutar esa idea apropiadamente es algo completamente distinto. Es una distinción que posiciona a los maestros de cada disciplina artística en un plano casi sobrehumano. La evidencia para esta postura está en la existencia de individuos, con un dominio tan brillante de su arte, que ni siquiera han requerido de ideas excepcionalmente buenas para trascender, es decir, han logrado crear algo espectacular inspirándose en las banalidades de lo cotidiano. El revés de este caso se puede evidenciar con facilidad al citar la inmensa cantidad de obras que están basadas en una grandiosa idea, pero que su ejecución no estuvo a la misma altura.

Por supuesto, no me encuentro escribiendo este texto porque sea inmune a esta situación. La última vez que un spoiler me molestó considerablemente fue cuando estaba leyendo los primeros libros de A Song of Ice and Fire, la serie literaria que ahora está siendo adaptada para la TV con el nombre de Game of Thrones. De cierta manera, me encontré con el fastidioso problema de que alguien me arruinará una de las sorpresas fundamentales del primer libro dentro de la saga. Es entendible que esa no sea la manera ideal para enterarnos de lo que sucederá con la trama de una obra, pero esto no debería molestarnos por más de unos minutos, ya que un spoiler no puede arruinar una buena obra.

Luego de este suceso, seguí leyendo los libros hasta llegar a esa escena que me adelantaron e igual la disfruté por su ejecución. Luego pude verla nuevamente, representada en la serie de TV. En estos momentos ya he visto cada episodio de la serie en dos ocasiones y voy en mi segunda lectura de los libros. Es absurdo quejarse de los spoilers cuando estamos hablando de una película que merece ser vista en múltiples ocasiones o de un libro que es digno de varias lecturas. En efecto, se pierde algo cuando nos adelantan el plot-twist de una película que no trasciende más allá de alguna novedad en la trama, pero ¿realmente vale la pena molestarse por ese tipo de obras? Con tantas películas en existencia y tomando en cuenta la inmensa cantidad que será creada en las décadas siguientes, mi postura es que si una película no vale la pena para verla una segunda ocasión, entonces tampoco lo era para la primera. Es así que creo que algunas personas exageran demasiado al molestarse por estas situaciones, comportándose de manera tóxica con quién, por ingenuidad u osadía, termina relatando el final de una película, serie, etcétera. Lo cual me lleva a hacer una breve mención del hecho que me impulsó a escribir sobre este tema en primer lugar, que no fue otra cosa que encontrarme con individuos lanzando amenazas de muerte a otra persona por el hecho de haber realizado un spoiler de esta nueva película de Star Wars. Eso es inadmisible, no sólo porque es inmoral, sino porque, de ser una buena película, es imposible que recibir información sobre la misma te arruine la experiencia.

Podemos entrar a YouTube, por ejemplo, para ver el trailer de una película próxima a estrenarse y, con algo de suerte, nos encontraremos con comentarios que describen la realización de que dicho video mostró demasiado de la película y que, por lo tanto, ya no se tiene interés en verla. No puedo evitar sentir empatía ante ese sentimiento, pues es una discusión cuyo centro se encuentra arraigado a las malas prácticas modernas de mercadotecnia. Prácticas en las que los filmes requieren de campañas publicitarias extraordinarias para cumplir con sus metas financieras (aunque esto signifique tener que revelar los ases que la película bien podría haber guardado bajo su manga). Sin embargo, considerando lo que he mencionado anteriormente, me parece un enojo mal direccionado: si revelar demasiado contenido sobre una película hace que no quieras verla, entonces no había mucho interés por verla más allá de los “misterios” que se iban a revelar durante la misma y bien podrías ahorrarte el disgusto. En dicho escenario se podría decir que los spoilers hasta te hicieron el favor de evitar una pérdida de tiempo, pues sí lo único interesante sobre la obra está concentrado en el artilugio de un giro argumental, bien se podría disfrutar en la forma de un spoiler.

Con los videojuegos también existen quejas similares, pero la situación se vuelve todavía más incoherente, pues, entendiendo que lo más importante del medio es la interacción, es realmente difícil imaginar que conocer la trama del juego pueda afectar tus partidas. En otras palabras, incluso si te cuentan todo lo que sucede en el videojuego, todavía tienes que jugarlo para obtener la experiencia principal que viene de la mano con la interacción propia. O dicho de otra forma, es imposible obtener una interpretación propia del título, en términos de hermenéutica, sin haberlo jugado, pues tu interacción es una parte esencial de la experiencia en todo juego que tenga una interactividad significativa. Sería análogo a creer que leer la letra de una canción, previo a escucharla, te arruinaría la experiencia. En ese sentido, jugar videojuegos enfocándose en los giros argumentales es tener las prioridades del medio confundidas.

Esto no significa que soltar spoilers de pronto esté justificado o que esté prohibido molestarse con quién incurre en esta práctica, especialmente si se hace con la intención de molestar a los demás; pero la mejor manera de quitarle fuerza a esta ocurrencia es no permitiéndole que nos afecte. No habría una cantidad significativa de trolls haciendo spoilers si no existieran tantas personas de las cuales pueden obtener una reacción emocional que puedan transformar en risas. Y por supuesto, esto tampoco es una recomendación para que, después de leer este texto, vayan y se arruinen la trama de todas las obras que están próximas a salir (aunque bien podrían hacerlo si así lo desean). Es, más bien, una súplica para reflexionar sobre el verdadero valor de las obras que consumimos en esta época y una invitación a pensar en lo que estamos obteniendo de ellas. Es en estos tiempos, en los que domina la superficialidad y que el interés por las obras está dictado por la moda, en los que los spoilers, aunque posiblemente molestos, podrían ser uno de los tantos muros que ayudarán a separar al arte del artilugio. Una noble causa, sin duda, cuando aceptamos que el propio concepto de lo artístico parece haber perdido todo significado y es ridículamente sobreutilizado, pero que, con algo de suerte, será una de las tantas cosas que serán rectificadas en el futuro.

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