La otra Anne Frank

El clásico de Judith Kerr muestra, mediante la perspectiva infantil, lo que ocurrió con una de las familias judías que lograron huir de la Alemania nazi.


Reseñando:when-hitler-stole-pink-rabbit
When Hitler Stole Pink Rabbit
Judith Kerr
191pp.
Puffin
1971


Si uno ha estudiado los hechos que se dieron para que Hitler lograra ascender al poder en Alemania, seguramente se habrá encontrado con que este personaje era el objeto de burlas en algunas diarios, y que su rol era clara y frecuentemente menospreciado, por la clase política en turno, bajo el razonamiento de que sus opiniones eran tan extremas que muy pocos las iban a considerar con seriedad. Por supuesto, la historia nos muestra que fue un error haberle ignorado por tanto tiempo y que su visión, aunque absurda y completamente inmoral, iba a funcionar como un terrible catalizador para el resentimiento de la nación y como la justificación para uno de los más grandes crímenes que se han perpetrado. La historia es, después de todo, inmune a nuestra incredulidad. Y nuestro problema, como especie, es que tenemos la tendencia de actuar demasiado tarde porque, como dijo Kierkegaard, “la vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante”. Sin embargo, hechos peores todavía pueden ocurrir, en un futuro no muy lejano, si no se termina de entender lo que ocurrió en aquellos años y, aunque quizá estamos condenados a cometer errores cada vez peores, no hay motivo más noble que luchar contra este presunto destino.

El libro “Cuando Hitler robó el conejo rosa”, como ha sido nombrado su título en español, es uno de los primeros libros que leí cuando era niño y del que, hasta hace poco, me enteré que era de una naturaleza parcialmente autobiográfica. En la obra se nos cuenta sobre la vida de una familia judía que abandonó su país, Alemania, a un día de las elecciones en las que, como bien sabemos, Hitler culminó victorioso. Para dicha meta, el autor emplea la perspectiva de Anna, una niña de nueve años que no tiene idea de quién es Hitler, pero que tendrá que salir de su país y adaptarse al hecho de ser un refugiado europeo en uno de los momentos más oscuros para el continente y el mundo en general.

Mientras que la obra más popular sobre el tema, “El diario de Ana Frank”, describe lo que es vivir en la penumbra de la ocupación nazi, este libro retrata lo que ocurrió con esta familia al dejar su vida en Alemania y atravesar tiempos difíciles, que se vieron enrevesados por el hecho de que el padre de la protagonista era un periodista y guionista buscado por el nuevo régimen. El privilegio, se ha dicho, es un asunto de comparación. Ciertamente, sería apropiado decir que esta familia podría considerarse privilegiada en relación con aquellas que no lograron salir del país y que pertenecían a ese segmento etnocultural y religioso que sería perseguido por el gobierno hitleriano. Sin embargo, esto no evitó que tuvieran sus propios y reales problemas, que, aunque menores en magnitud comparados con lo que se vivió en Alemania, colorearon la vida de la niña cuya perspectiva es ofrecida por este libro tan singular.

El libro mantiene un tono sencillo y directo, pues está escrito para que pueda ser leído por niños. La perspectiva infantil de Anna hace de la novela algo todavía más auténtico, especialmente cuando uno lo lee teniendo en mente el contexto de lo que estaba ocurriendo alrededor de los sucesos descritos. En gran parte de la obra, por ejemplo, la niña parece estar preocupada por situaciones insustanciales, como cuando está frustrada porque no ha tenido la celebración de cumpleaños que ella deseaba, pero esto es, precisamente, la genialidad de la obra, pues es imposible esperar que una niña de su edad, que hasta hace poco tiempo tenía una vida considerablemente despreocupada, entienda la inmensidad de la situación en los tiempos cercanos a la Segunda Guerra Mundial.

Los problemas a los que se enfrenta la familia de la protagonista son retratados, también, bajo la perspectiva de una niña. Se realiza una exposición de la discriminación contra los judíos, por ejemplo, cuando unos padres no dejan que sus hijos jueguen con Anna. En otros capítulos se habla sobre la falta del dinero y lo que esto significa para una familia que, básicamente, tuvo que abandonar su patrimonio en otra nación y cargar solamente lo necesario. También se abordan las cuestiones de tener que aprender un nuevo idioma, de empezar de cero con las amistades, de sentirse diferente a los demás por su identidad cultural, etcétera. El libro no toca estos temas a profundidad y solamente se dedica a sembrar la semilla mediante algunos ejemplos anecdóticos, para que sea la mente del lector la que trabaje en rellenar los espacios disponibles.

Por otra parte, a pesar de que el libro en cuestión toca una fibra sensible al hablar de las familias en exilio, la obra y su protagonista se mantienen en el lado optimista de las cosas y es un texto que, además de pedagógico, es afirmativo en su invocación de la importancia de la familia:

Algunas cosas habían sido difíciles, pero siempre había sido interesante, y a menudo divertido: y mamá y papá y Max y ella casi siempre habían estado juntos. Mientras estuvieran juntos, no podría tener nunca una infancia difícil.

Esto no es algo que me conmueva, he de admitir, personalmente, pero tampoco es una característica que le resta a la obra y, considerándolo todo, está realizada en buen gusto y forma. De manera que, estoy seguro, muchos encontrarán de este detalle algo edificante y motivador que, por lo menos, les servirá para contemplar bajo una nueva luz y apreciar, con una perspectiva más amplia, las relaciones que poseen.

He leído este libro en múltiples ocasiones desde que era niño y se ha convertido en uno de mis favoritos. La obra identifica con claridad la relación entre lo inocente y lo siniestro, y la manera en la que estos dos extremos interactúan. Cabe señalar, también, que “When Hitler Stole Pink Rabbit” forma parte de la trilogía “Out of the Hitler Time“, pero me atrevería a recomendarlo incluso para su lectura individual. Nos brinda una perspectiva poco frecuente e interesante de lo que ocurrió en suelo europeo por aquellos años y eso siempre es valioso, especialmente si se desarrolla con la gracia y habilidad con la que Kerr lo hace. Pero también nos recuerda que hay que mantener un ojo vigilante ante los primeros indicios de que la historia se vaya a repetir, que todos somos responsables de evitar que eso suceda y que, de ocurrir, no habrá excusa válida para la inacción. O, como dijo F. M. Cornford, en su Microcosmographia Academica, sólo hay un argumento para hacer algo (porque es lo correcto), el resto son argumentos para hacer nada.

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