Nada que ocultar

La vida del heroico Edward Snowden recibe el tratamiento hollywoodense.


Reseñando:snowden-movie-2016-poster
Snowden
Oliver Stone
Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley,
Melissa Leo, Zachary Quinto, Tom Wilkinson
2016


La novela “1984“, de George Orwell, fue publicada por primera vez en 1949 y, desde entonces, además de ser considerada como la novela política más importante que advierte sobre el estado totalitario y el autoritarismo, también ha sido utilizada, frecuentemente, como uno de los ejemplos preferidos a invocar cuando se habla en contra de la ideología comunista. Sin embargo, hoy en día sabemos que, lamentablemente, vivir en un estado de vigilancia total no es algo ajeno al mundo capitalista y reconocemos, también, gracias a Edward Snowden y a su valentía para enfrentar a su gobierno, que este crimen contra la privacidad sucede incluso en la nación considerada por sus ciudadanos como la “más libre del mundo”: los Estados Unidos.

Edward Snowden, por supuesto, es el polémico exempleado de la CIA que saltó a la fama por haber filtrado los documentos que revelaban los diversos programas de vigilancia global existentes en múltiples naciones. Estas filtraciones, entre otras cosas, también mostraban los lazos que existían entre ciertos países y las corporaciones de telecomunicaciones que operaban en estos, y como es que esta siniestra relación hacía posible la vigilancia del ciudadano común. Es así que en el último filme de Oliver Stone, protagonizado por Joseph Gordon-Levitt, se explora la vida de este fascinante y asombroso personaje, que es considerado un traidor por una cantidad significativa de oficiales del gobierno, a pesar de que sus acciones fueron por demás patrióticas y nobles.

La película “Snowden” nos guía a través de una serie de momentos importantes que culminan en el momento de la filtración. Se nos informa en algunos fragmentos del filme, por ejemplo, sobre las aptitudes que Snowden tenía para la informática y la ventaja que éstas le dieron al permitirle sobresalir cuando empezó a trabajar para el gobierno estadounidense. Como si estuviera predestinado, se podría decir, a encontrarse en esa posición. Esto me recordó a esa escena en la que Gabriel Syme, en el libro “El hombre que fue jueves” de Chesterton, lograba infiltrarse, gracias a su oratoria y habilidad persuasiva de poeta, al consejo europeo anarquista. Durante el filme también podemos ver como es que su trabajo empieza a causar estragos en su vida personal y a afectarle en la salud. Y obtenemos un recorrido de su ascenso laboral hacia una de las posiciones con mayor acceso a la información en existencia.

El filme hace un excelente trabajo en mostrar la progresión moral y política de la perspectiva de Snowden. En un principio, por ejemplo, este personaje es retratado como el soldado increíblemente talentoso que está contento con solamente seguir órdenes y que no se puede imaginar cuestionando lo que hace su país, pues, como la vieja pero clásica propaganda estadounidense lo ha sugerido históricamente, lo que hace su nación es realizado siempre por un “bien mayor”. Incluso cita a Ayn Rand entre sus influencias para enlistarse, que, seamos honestos, es la primera evidencia de que el joven no estaba muy abierto a la posibilidad de tener pensamientos propios, o almenos así lo retrata la película. Sin embargo, para cuando el filme ha avanzado considerablemente, Snowden ya está convencido de que su país ha traicionado a sus ciudadanos al espiarlos, y ya ni siquiera puede tolerar esas líneas retóricas en las que se argumenta que “no hay problema en que tu gobierno te esté espiando si no tienes nada que ocultar”, que, por supuesto, hace una inversión del principio de sospecha con el que trabajan la mayoría de naciones modernas.

La actuación de Gordon-Levitt, por otro lado, es de lo más destacable del filme. A estas alturas, los que se han mantenido en el ciclo informativo han tenido la posibilidad de ver varias de las pláticas de Snowden y podrían hasta haberse familiarizado con su voz, y el actor ha hecho una excelente ejecución de la misma. Su entonación y forma de hablar casi logran que uno se olvide del hecho de que no se parece mucho al legendario whistleblower  y permiten que la obra sea de lo más llevadera, incluso para los que no estén muy metidos o informados en términos de política estadounidense.

Por supuesto, si uno desea conocer una versión más fidedigna, en formato de video, sobre la historia de Snowden, sería recomendable que le dieran un vistazo a Citizenfour, el filme documental, dirigido por Laura Poitras, que se estrenó a finales del 2014 y en el que aparece Edward Snowden en persona. No obstante, creo que el filme de Oliver, aunque un tanto más dramático, logrará que más personas se enteren de estos sucesos y, quizá, con algo de suerte, les motive a no dejarse aplastar por su gobierno o dejar de ser, en las palabras de Chomsky, “las personas que están más que dispuestas por renunciar a su privacidad”.

Comparándolo con otras películas sobre sujetos peculiares, “Snowden” no es una gran experiencia cinematográfica en el mismo sentido en el que “The Social Network” lo es. Se encuentra en el punto medio entre mostrar la historia de un personaje y exagerar sus características y vivencias  para apelar a las emociones. Por otro lado, este filme no es pura fantasía y toca un tema que, con la llegada de más y más dispositivos “inteligentes”, se mantendrá relevante por mucho tiempo, por lo que valdría la pena verla, incluso si aceptamos que dejó una deuda en el aspecto estético.

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