Naufragio

Una brillante novela da voz a las narrativas silenciadas.


Reseñando:foe-j-m-coetzee
Foe
J. M. Coetzee
160pp.
Penguin USA
1986


A unos meses de que se diera por terminada la segunda década del Siglo de las Luces —el siglo XVIII— Daniel Defoe veía publicado su trabajo más reconocido hasta la fecha. La novela “Robinson Crusoe”, recibida con considerable admiración y elogio durante la época, marcó el inicio de lo que sería un nuevo género y es incluso contemplada, hoy en día, como candidato al título de la primer novela propiamente inglesa. Sin embargo, algunos siglos más tarde, el escritor y novelista sudafricano J. M. Coetzee decidiría contar su propia versión de este fascinante y controvertido clásico, y, al hacerlo, creó una obra que supera, en complejidad y técnica, al proyecto original.

El argumento de Foe —la novela de Coetzee— inicia posicionando a Susan Barton en la búsqueda de su hija, que fue presuntamente secuestrada para ser llevada al Nuevo Mundo. Lamentablemente para Susan, en camino al rescate de su pequeña, algunos miembros de la embarcación deciden amotinarse, y ella, tristemente, termina siendo destinada a hacerle compañía a las olas del mar, aunque, por suerte, no a los peces que yacen en su fondo. Más tarde, su cuerpo llega a las orillas de la playa en la que conocerá a dos personajes con sus propias peculiaridades: Cruso y Friday. Cruso es un hombre de años que ya abandonó toda esperanza de ser rescatado y se encuentra en paz con la idea de permanecer en la isla por el resto de su vida, por lo que ni siquiera está dispuesto a intentar salir de la rutina diaria. Friday, por otro lado, no puede hablar, pues le han cortado la lengua y solamente se dedica a ayudar a Cruso en las tareas básicas de supervivencia. Luego de un año, el trio es finalmente rescatado, pero Cruso no sobrevive el viaje de regreso a Inglaterra y Barton tiene que lidiar, entonces, con las dificultades para comunicarse con Friday —a quien, por cierto, decide enseñarle a escribir. Además, contratará al escritor Daniel Foe (en referencia al autor de Robinson Crusoe) para que le ayude a escribir un libro sobre su más reciente experiencia. La situación se empezará a complicar cuando Barton se reencuentra con un personaje de suma importancia para ella, mientras que también se desatará una nueva polémica al encontrarse con que Foe no está muy dispuesto a escribir su historia tal y como fue, sino que prefiere alterarla para convertirla en, lo que a él le parece, algo más interesante o comercialmente exitoso.

Coetzee no estaba interesado simplemente, como ocurre con frecuencia con las vulgaridades literarias de estos días, en reescribir una obra popular con un estilo diferente. Lejos de eso, Foe es una reconstrucción posmodernista de “Robinson Crusoe, que, gracias a la metaficción, hace crítica del colonialismo representado en la obra original y realiza un comentario, también, sobre lo significa el arte de la narración. Esta novela, se podría decir, trata de colocarse como la verdadera historia que originó el libro de DeFoe.

Si uno está familiarizado con la novela “Robinson Crusoe”, es posible detectar, a primera vista, los cambios más obvios que realizó Coetzee con respecto a los personajes principales: Friday ahora es completamente sumiso y no parece tener mucha voluntad propia; Cruso, por otro lado, no es el aventurado protagonista que está deseoso de salir de la isla o de iniciar su propia civilización y Susan Barton ni siquiera aparecía en el libro, sino que es “tomada prestada” de otra de las obras de Daniel Defoe.

No obstante, en un segundo plano lejos de islas y naufragios, el tema del libro es sobre las voces que han sido silenciadas, particularmente en la obra de “Robinson Crusoe” y como efecto directo del colonialismo. Esto queda claro cuando aprendemos que Friday ha sido silenciado físicamente, que es análogo a la historia de los esclavos cuyas historias jamás fueron escuchadas y que, por lo tanto, no existen. Este mismo tema se repite con Susan Barton, que, a pesar de ser la persona que experimentó y es la fuente de la historia, ésta le es arrebatada y, en su lugar, su única función pasa a ser la de musa que inspiró a Defoe, que también podría funcionar como una referencia al contexto histórico en el que el hombre ha silenciado las narrativas de la mujer o incluso tomado crédito por éstas.

Esta es la razón, entre otras cosas, por la que Barton desea enseñarle a Friday a escribir, porque así al menos él podrá contar su historia. Sin embargo, durante diferentes momentos, ella cuestiona sus motivaciones detrás de su intento por ayudarle. En un fragmento, por ejemplo, considera abandonarlo, pero se da cuenta de que sólo será explotado por otros. No obstante, ella misma se pregunta, también, si lo que está haciendo es para ayudar a su nuevo compañero o si hay una motivación ulterior detrás de estas acciones, que no es más que otro comentario sobre el colonialismo occidental, cuya excusa para cometer atrocidades se centraba, generalmente, alrededor de la idea de “civilizar” al resto del mundo:

“Hay momentos en los que la benevolencia me abandona y utilizo palabras solamente como el camino más corto para someterlo a mi voluntad. En dichos momentos entiendo porque Cruso prefirió no molestar su mudez.”

Luego, en otro otro plano, es posible ver como Coetzee está jugando con la narración y obligándonos a que cuestionemos la idea de que el libro entero está siendo narrado por la misma persona. Esto se puede ver, por ejemplo, en el uso de comillas y mediante algunos segmentos e ideas que parecen repetirse, como si alguien estuviera repitiendo o editando una historia. Esto, finalmente, puede interpretarse como que, al final, especialmente por como termina la novela, Friday es el que terminó escribiendo el libro que tenemos en nuestras manos.

Foe se encuentra, por ahora, un poco lejos de pertenecer al grupo de mis novelas favoritas, pero no descartaría que esto cambiara en el futuro próximo, pues creo que me quedó mucho por explorar en esta obra. Además, haciendo a un lado el comentario social por un momento, la novela puede ser justificada por sus valores estéticos y el estímulo intelectual que provoca. Coetzee es, más que un gran novelista, un maestro de la narración y ha logrado capturar una multiplicidad de conceptos fascinantes en una lectura brevísima. El libro comienza como toda cronología de expedición o aventura, pero termina como una exposición borgeana sobre los valores de la escritura. No podríamos pedir más.

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