Crónicas del barrio

Un filme tan genuino como necesario.


Reseñando:
Moonlight
Barry Jenkins
Trevante Rhodes, Alex Hibbert, Janelle Monáe,
Ashton Sanders, Naomie Harris, Mahershala Ali
2016


Pertenecer a una minoría racial en Norteamérica no es una cosa sencilla e, históricamente, no lo ha sido en ningún lugar; pero añadirle a la ecuación una preferencia sexual distinta a la de la mayoría es estar hablando de un nivel, una dimensión distinta, de opresión. Una minoría dentro de la minoría. Y por todo el “progreso” que se celebra en suelo estadounidense, hay ciertas idiosincracias tribalísticas que parecen existir casi de manera universal. La discriminación a lo que se percibe como diferente o ajeno al grupo es una de ellas. Y digo universal porque este tipo de discriminación ocurre incluso dentro de los grupos que son conscientes de pertenecer a una clase que vive sistemáticamente subyugada por el resto de la población. En cierto sentido, esto es sencillamente explicado por el hecho de que somos unos mamíferos que todavía se guían por el instinto, que alivian parcialmente su angustia al saber que existen otras personas en una condición peor y que el humano, inconscientemente, tiene la tendencia de dividir en dos grupos a las personas: los que pertenecen al grupo de “los suyos” y “los otros”. Pero también es cierto que podríamos aspirar a más como miembros de esta especie y que lo que se ha mejorado es, en parte, gracias a la dialéctica y reflexión que el arte provoca.

“Moonlight” nos presenta la trayectoria que sigue la vida de una persona desde que era apenas un niño hasta que se encuentra dentro de la edad adulta. Dividiendo la narrativa en un tríptico, podemos explorar las ocurrencias de mayor importancia en la fascinante vida de Chiron durante las diferentes etapas de niñez (Alex Hibbert), adolescencia (Ashton Sanders) y adultez (Trevante Rhodes).

La película se percibe muy genuina en su representación y trata de lidiar con temas un tanto cargados, que serán de vital relevancia para el desarrollo del personaje central. Habla, por ejemplo, del problema del acoso escolar, de crecer con una ausencia paternal o de encontrar una figura paterna fuera de la consanguinidad, del despertar sexual que ocurre durante la adolescencia, de los inconvenientes familiares relacionados con el abuso de sustancias, de las acciones externas que empujan a una persona a llevar una vida criminal, sobre el permitirse la vulnerabilidad, etcétera. Es el tipo de historia que contaría Hermann Hesse si hubiera nacido en la “black America” de nuestros días. Y está contada con la sutileza necesaria para abordar temas políticos sin hundirse en el discurso, así como con la crudeza apropiada para apreciarse como real.

Por un lado, el filme hace uso, entre otras cosas, de estereotipos que, históricamente, han sido utilizados comúnmente para referenciar despectivamente a las personas de color, pero luego trata de subvertirlos para pintar a personajes más complejos y con amplias motivaciones. Esto es importante porque, ahora que las minorías están ganando algo de visibilidad en el cine hollywodense, sería equivocado (y simplemente reaccionario) pintarlos como santos para contrarrestar todas esas décadas en las que solamente funcionaban como el villano o personaje secundario de la historia. Moonlight se maneja increíblemente bien en este aspecto.

Por otro lado, decir algo mediante imágenes es, al final del día, el propósito del cine y este proyecto logra cautivar y mantenerse visualmente interesante. Las actuaciones son, posiblemente, lo segundo más destacable de toda la película, pero el guión también cumple con lo suyo. No es un filme espectacular dentro de la gran escala cinematográfica, pero tiene muy bien redondeadas las orillas y cumple al entregar un mensaje utilizando las fortalezas del medio audiovisual. Que no es algo de lo que muchas películas puedan presumir hoy en día.

En conclusión, “Moonlight” es un pequeño filme que aborda demasiados temas para su propio bien, pero los presenta desde una perspectiva importante, además de gozar de relevancia dentro de lo histórico y lo estético. Incluso cuando no fue el mejor filme del 2016, no hay duda de que le abrirá el paso a futuras películas con comentario político que traten de tener un impacto igual o mayor en su apecto cinematográfico.

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